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Precio de la tierra cayó 13% y negocios dieron un salto en semestre

El precio de la tierra registró en el primer semestre un promedio de US$ 4.450 la hectárea, según, el indicador de la consultora Seragro que se basa en el promedio de los negocios registrados por el Instituto Nacional de Colonización.

 

“Se dio la lógica”, diría un colega del periodismo deportivo. El precio de la tierra en Uruguay llegó a un récord histórico en 2014 (5.100 US$/há ÍP 100), según el promedio de los negocios registrados por el Instituto Nacional de Colonización (INC) y ponderados, según productividad, por Seragro.

 

Este aumento del valor medio de la tierra se dio después de un par de años de estabilidad (entre 4.800 y 4.900 US$/há) y en simultáneo con una caída importante en la superficie transada. La suba del precio en 2014 fue, en cierta medida, sorpresiva: el escenario externo de los agronegocios ya esbozaba más dificultades y no era predecible un incremento. Pero el mercado, más que por precio, ajustó por volumen: la superficie transada se redujo 40%, desde niveles que ya venían reduciéndose.

 

Este año las tendencias cambian. El mismo indicador del precio de la tierra registró en el primer semestre un promedio de 4.450 US$/há, una caída de 13% respecto al promedio de todo 2014. La operativa, desde niveles muy bajos, creció significativamente: comparando con el primer trimestre de 2014, en 2015 la superficie transada es más del doble que la del año anterior.

 

Visto de otra manera: en sólo seis meses de 2015 (enero-junio) se transó una superficie similar a la comercializada en todo el año pasado.

Analizando lo que ha sucedido en los últimos años, parece claro que el precio de la tierra en Uruguay, luego de una trayectoria ascendente que lo llevó a valores récord entre 2012 y 2013, llegó en 2014 a una situación más bien excepcional, con muy poca operativa y un precio medio que siguió al alza.

 

Con pocas compraventas, algunos negocios singulares pueden sesgar el promedio en forma apreciable, pero con una operativa muy reducida. Es lo que habría sucedido en 2014, con un precio que –mirando la tendencia- “se fue de línea”. Ya con los datos de 2015, planteamos que los precios de 2014 y sus aumentos –observados a la distancia– pasan a ser menos consistentes para el análisis del mercado de campos.

 

Parece ser más ilustrativo comparar los precios de este año con los de 2012 y 2013, frente a los cuales se registra –siempre hablando en dólares– una disminución cercana a 10%. Esta baja es, en nuestra visión, un indicador que refleja en forma más realista lo que ocurre hoy en el mercado.

 

El escenario externo de la economía uruguaya está mostrando cambios fuertes: caen muchos precios de exportación (no todos), mientras las economías de la región (Argentina y Brasil) están en problemas.

 

La economía local –en sus propias variables– también se introduce en un período de más restricciones (mayor déficit fiscal, inflación alta). 

 

Todo esto hace que el contexto del mercado de tierras se haya alterado sustancialmente. Para analizar lo que puede pasar en el futuro, es insoslayable examinar ese contexto.

 

Una economía distinta

Luego del impactante e inédito ciclo de crecimiento, que abarcó más de 10 años, la economía uruguaya transcurre una etapa de búsqueda de nuevos equilibrios. Después de la crisis de 1999-2002, el país inició una recuperación que le insumió algunos años, para luego “seguir de largo”,

en base a un aumento de la demanda externa de sus productos, acompañado de inversión e ingreso de capitales extranjeros.

 

Esas tendencias parecieron interrumpirse en 2008, con la crisis financiera global; pero no se interrumpieron y hasta se reforzaron. EEUU echó mano a una inédita expansión monetaria (cuadruplicó la circulación de dólares) para salir de la crisis. El dólar cayó a mínimos históricos

(19 pesos en Uruguay) y los precios internacionales en dólares subieron a niveles récord. Mientras, la demanda asiática de materias primas siguió sostenida, beneficiando a los agronegocios.

 

Todo indica que este ciclo alcista llegó a su fin. Por un lado, el dólar se ha fortalecido a nivel global, incluso sin que EEUU haya aumentado su tasa de interés. Esto hace que los valores de los productos internacionales (medidos en dólares) bajen.

 

Además, los equilibrios entre oferta y demanda de productos del campo a nivel global están –al menos por ahora– volcados a la primera, lo que resulta bajista para los precios. Los altos valores de que gozamos entre 2010 y 2014 –con fluctuaciones– impulsaron la producción en la mayoría de los grandes países productores.

 

El caso más ilustrativo es el de los lácteos: luego de alcanzar picos históricos, la gran “ola” de producción mundial arrastró el mercado a la baja, con valores que hoy no permiten producir en forma rentable. Sin movimientos tan extremos, ocurrió lo mismo con los granos.

 

La carne y la celulosa se mantienen al margen de esta tendencia, al menos por ahora. Según el último informe trimestral de la empresa UPM (propietaria de la planta de Fray Bentos), el precio de la celulosa de fibra corta (como la que produce Uruguay) subió en el primer semestre 5% en dólares respecto a igual período de 2014 (el valor CIF pasó de 748 a 788 US$/ton).

 

El precio de exportación de la carne uruguaya, a su vez, se mantiene firme: promedia 3.800 US$/ton equivalente carcasa, apenas 4% menos que en 2014.

 

Con estos datos se abre un escenario tan complejo como interesante para el mercado de campos, porque los notorios factores bajistas del panorama global se contraponen a algunos rasgos más singulares y alentadores del Uruguay.

 

Puede plantearse que el efecto bajista bdel mercado de granos podría hallar un piso en la fortaleza de los sectores cárnico y forestal uruguayos. Para abundar en esto –y sin cometer el pecado de arribar a conclusiones terminantes en contextos tan dinámicos-, hay que recordar las trayectorias de los diversos agronegocios que tienen relevancia en el uso de la tierra.

No es lo mismo

 

Los últimos años han sido –en general– muy buenos para el agro. Pero ese ciclo de bonanza ha tendido a meter en la misma bolsa cosas bien distintas.

 

Porque los avances en la producción ganadera, forestal y agrícola han tenido factores, causas de crecimiento bastante diferentes cuando se los estudia a fondo, a pesar de que –claro está– también inciden en ellos variables generales de los escenarios externo e interno.

 

En este sentido, es innegable que el sector cárnico uruguayo es fuerte y competitivo. Inició sus transformaciones más modernas en los 90 (avances sanitarios y comerciales), retrocedió y cayó duro en la crisis combinada aftósico-financiera (2000-2002), para luego reemerger con

firmeza, retomando mercados, afirmándose en lo sanitario e incorporando inversores en el campo y la industria. Y siguió avanzando, paso a paso, a pesar de las fluctuaciones que imponen el clima y las pujas entre productores e industriales. 

 

Sin embargo, estos avances fueron opacados por el vértigo de la expansión agrícola, que multiplicó su área en pocos años, liderada por la soja. Los chacareros –combinando capital fresco y nuevas tecnologías– llevaron las sembradoras y cosechadoras a lugares donde no se las veía desde hacía décadas. En los mejores campos del Uruguay, principalmente en el Litoral, los cultivos desplazaron a las invernadas. En muchos casos hasta se levantaron los alambrados, un “sacrilegio” contra la tradición ganadera.

 

El uso de la tierra tuvo un formidable cambio y el aumento en su precio lo reflejó: más agricultura trajo más renta por hectárea y –por lo tanto– un precio mayor.

 

Esto tuvo impacto directo e indirecto: subieron los campos de uso agrícola y, por transición, los ganaderos.

 

A la forestación le sucedió algo parecido. Un ejemplo “de libro” de desarrollismo moderno (subsidios para que arranque, exoneraciones para que crezca, facilidades para la industrialización) hizo de la cadena foresto-industrial un sector clave de la economía, hoy con dos gigantescas plantas de celulosa funcionando.

 

Pero su avance también se vio opacado por los chacareros. En los campos de prioridad forestal (grupos 8 y 9) el Eucalyptus era el rey, pero la soja le dio jaque mate: ya no era posible instalar montes en esos suelos, porque la renta agrícola era inalcanzable con madera.

 

La forestación realizó un enroque: se dejó –casi– de comprar campos, para optar por un trabajo más “minorista”, buscando acuerdos con los productores para plantar montes y compartir ganancias.

 

Así, hasta 2014, la agricultura fue el eje del mercado de campos y los precios agrícolas llevaron la batuta. Con el cambio en los mercados de granos, ¿qué sucederá?, ¿qué puede esperarse del precio de la tierra?

 

La relación entre el valor del activo y los precios de los productos pasa gradualmente, antes que nada, por las rentas. Y éstas, lógicamente, bajaron, si las medimos en dólares. Incluso con un valor de la renta medido en kilos de grano (básicamente soja), los buenos campos agrícolas que se pagaban una tonelada de soja cayeron de casi 500 a los actuales 300-320 dólares la hectárea. Sobre eso, varios negocios han corregido a la baja los propios kilos por hectárea de renta, por lo que el ajuste es mayor.

 

Pero los cambios más significativos se registran en las zonas de transición entre agricultura y ganadería. Los llamados campos agrícolas “marginales”, donde la soja se había aventurado envalentonada por su alto precio y un negocio ganadero achicado, muestran hoy otro escenario.

 

La capacidad de la agricultura de ofrecer renta ha caído y la ganadería –a pesar de los vaivenes y choques entre productores e industriales– está más fuerte, como planteamos líneas arriba.

 

Así, rentas agrícolas más cercanas a la media tonelada por hectárea (hoy US$ 150-160) se aproximan a la opción de volver a la ganadería con rentas que –si el campo es bueno– pueden ser de 100-110 US$/há. Si se incorpora el incremento en los costos del flete (donde la ganadería le saca ventaja a la agricultura), las referencias tienden a empardarse.

 

En los campos ganaderos más generales, las rentas también habían subido por el avance agrícola. Hoy esa presión ya no está, pero el sector ganadero vive un buen momento. Así, por estos campos ganaderos buenos, armados, en el centro del territorio, las rentas oscilan en torno a 100 US$/há y no hay oferta.

 

La forestación también está viviendo su “revancha”: ante la retracción agrícola en algunas zonas de campos de prioridad forestal, plantar montes vuelve a ser atractivo, dada la firmeza de la demanda.

 

Incide no solamente el precio internacional (que puede variar) sino también la necesidad de materia prima de las plantas de celulosa, a mediano y a largo plazo. 

 

Por todo esto hay un buen argumento para prever que los campos, a mediano plazo, tengan varios puntos de apoyo, con la ganadería y la forestación como nuevos sostenes, y con una agricultura que está en proceso de recomposición y por tanto no es esperable que retroceda a su punto original, ni mucho menos.

 

La economía china (factor clave) está con menos bríos, pero no por eso dejará de ser un factor de demanda relevante y persistente para los productos que nuestro país exporta y China necesita.

 

De todas formas, la recomposición agrícola y un escenario financiero externo más restrictivo, con dólar al alza, ha motivado a muchos propietarios (particularmente empresas y dueños individuales extranjeros) a vender sus campos en Uruguay. Esto abarca a firmas agrícolas y también a algunas forestales que no han “encajado” en la dinámica local con la escala suficiente y quedaron sin un modelo de negocio viable.

 

Así, el mercado de campos –que hasta hace muy poco mostraba una gran distancia entre las aspiraciones de los vendedores y lo que ofrecían los compradores– podría estar comenzando a esbozar un mayor acercamiento.

 

Aun así, no hay una urgencia vendedora generalizada (¿qué hacer luego con el dinero?), ni una demanda amplia, como en su momento hubo por los campos agrícolas. Sí es posible que –si la ganadería mantiene sus buenas perspectivas– la demanda de campos ganaderos se vaya consolidando. Pero nunca, claro está, al ritmo de vértigo que en su momento tuvo la demanda agrícola.

 

Finalmente, un dato insoslayable: una corrección de 10% en los valores de los campos, como se estaría esbozando, implica que el valor real de la tierra (en términos de poder adquisitivo interno) se mantenga. El dato no es menor para una economía que devalúa su moneda (aunque ahora a menor ritmo, para irritación de los exportadores). A pesar de las incertidumbres, la tierra sigue firme y es una opción atractiva para la inversión.

 

VEA TAMBIEN: Precio de la Tierra" - Compraventas Año 2014

 

El País

 

Sinergia apícola forestal con base en el cuidado del ambiente

Productores de miel instalan colmenas en bosques encontrando una herramienta para afrontar una coyuntura adversa

En el norte del país, a la vez que se desarrolla, la forestación genera espacios para que los apicultores potencien sus emprendimientos en los mismos predios, todo en el marco de la firma de convenios que además resultan altamente convenientes para la comunidad, ambientando la promoción y al desarrollo de productos no maderables en los montes priorizando el adecuado cuidado del medio ambiente.

De esta realidad se benefician pequeñas empresas familiares y otras de mediano porte, la mayoría de la zona, pero también hay algunas que llegaron desde más lejos, por ejemplo desde Ombúes de Lavalle (Colonia), buscando superar una situación difícil en sus lugares de origen, se informó a El Observador Agropecuario.

El ingeniero Ignacio Elgarte, encargado de llevar adelante esta fase productiva por la empresa Compañía Forestal Uruguaya SA (Cofusa), dijo que el proyecto nació en 2003 "con el interés de la empresa de promover la generación de productos del bosque no maderables y el apoyo a iniciativas en la comunidad que promuevan el desarrollo de emprendedores, sumado al interés de pequeños apicultores locales en aprovechar la floración del Eucalyptus grandis". Se estima que hay 20.000 colmenas instaladas en predios forestados del norte.

Originalmente esta iniciativa fue pensada para pequeños apicultores en Rivera, Tacuarembó y Artigas, los cuales mantienen la prioridad, pero se han integrado otros de mediano porte, aunque algunos son los mismos que comenzaron con una escala pequeña y se han podido desarrollar.

Elgarte y el ingeniero Giovani Vargas –de la empresa Cambium– coinciden al señalar que para desarrollar la iniciativa hubo que abordar una tarea educativa muy importante en relación a las medidas de seguridad que se deben tener dentro de los montes, básicamente en lo que refiere a la prevención de incendios, tema que para las empresas forestales es de vital importancia, de la mano ello del énfasis que se pone en el respeto por el medio ambiente.

Los apicultores, todos los años, reciben capacitación por parte de técnicos especializados en los campos de prevención de incendios forestales, certificación forestal y cuidado del medio ambiente. El convenio que firman prevé la utilización por parte de los apicultores, para ingresar a los montes, de los mismos implementos de seguridad que utilizan los trabajadores forestales, lo que cual incluye casco, chaleco de alta visibilidad y polainas para prevenir mordeduras de ofidios.

En la actualidad, ya con años de experiencia acumulados, los apicultores tienen una estructura que les permite seguir manteniéndose pese al difícil contexto que padecen para exportar su producción, hay un trabajo sistematizado, ordenado, aseguraron ambos profesionales.

Se puede pagar con miel


El convenio establece que las pequeñas empresas familiares de apicultura tienen la posibilidad de pagarle a las empresas forestales con producción.

Elgarte y Vargas explicaron que por seis meses de arrendamiento se les cobra US$ 3 por colmena o un kilo de miel.

Este precio se ajusta antes de cada zafra, de acuerdo al valor oficial de mercado emitido en los boletines del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP).

Lo que las empresas forestales recaudan en general es volcado a la sociedad en otras actividades tales como el apoyo a centros de enseñanza o a niños y adolescentes con capacidades diferentes, entre otras. Estas actividades llevan a las empresas forestales a mantener una interacción permanente con diferentes asociaciones civiles e instituciones públicas y privadas en la comunidad.

En la zona se crece


Néstor Montejo, presidente de la Asociación de Apicultores de Rivera –única con personería jurídica en el Uruguay–, confirmó que hace más de 10 años que trabajan con las empresas forestales y que los pequeños apicultores de la zona están en crecimiento.

Montejo destacó el apoyo que reciben de las compañías forestales, que permite que las pequeñas empresas de familias apicultoras puedan sostenerse cuando en muchos casos la actividad "es la mayor parte de sus ingresos".

Informó que un 98% de la miel producida en el país tiene como destino la exportación y señaló que, como el resto de los comodities, la producción de miel no pasa por un buen momento.

En los últimos 12 años la miel ha subido 30% en pesos, pero el valor del combustible se multiplicó por cuatro, lo cual dificulta la rentabilidad y competitividad del sector, con márgenes de ganancia bajos, por lo que, según dijo, la ayuda de las empresas forestales con arrendamiento a precios módicos es un sostén importante.

El productor aseguró también que la producción de miel no es compatible con la producción de soja, por lo que se han reducido a nivel país los lugares donde pueden desarrollar la actividad.

Montejo comentó que solo en Rivera hay unos 400 apicultores en el seno de la Dirección General de la Granja (Digegra) del MGAP, que se ha puesto énfasis en la tecnificación, se ha diezmado la mortandad de abejas de un 60% a un 5% y que han avanzado impartiendo cursos para los apicultores dictados por profesionales universitarios uruguayos y del exterior en materia de nutrición, lo que coadyuva los buenos resultados que están obteniendo.

Añadió que se elaboró con las empresas forestales un contrato conveniente, "sumamente accesible", que busca beneficiar a los productores apícolas sin poner en riesgo las certificaciones internacionales que tienen las empresas y destacó especialmente la prioridad que se le da en el norte a los productores de la zona.

Dijo que en el desarrollo de esta actividad conjunta en los bosques, es la empresa forestal la que corre con los mayores riesgos, porque si una hectárea se quema... ¿cuánta plata se pierde, cuánto prestigio se pierde?, preguntó, al tiempo que aclaró que los apicultores tienen todo para crecer y que no hay antecedentes negativos en la materia.

 

Observador

Construir casas de madera para llegar a sectores bajos

Que la vivienda de interés social no cumplió el objetivo de llegar a los sectores medios y bajos de la población es algo ya aceptado por los usurarios del sistema, los constructores y hasta el gobierno. En ese escenario surgen diferentes opciones de construcción para poder atender a esos segmentos de la población. Una de ellas es la de promover la construcción de viviendas con un material y método no tradicional: la madera.

 

Un informe elaborado por la Cámara Inmobiliaria Uruguaya (CIU) indicó que el costo de una vivienda de madera de 51 metros cuadrados alcanza los US$ 29.160. Y considerando los beneficios tributarios que ofrece la Ley 18.795 de vivienda de interés social (VIS), se logra un descuento por el IVA correspondiente a las adquisiciones de los materiales de US$ 4.072. Eso significa que el costo final de esa vivienda de madera es de US$ 25.082.

 

La gremial señaló que la mayoría de los materiales que se utilizan en la construcción de las viviendas se importan de Estados Unidos, por lo tanto, de lograrse que se reconozca este sistema para construir viviendas de interés social "no hay ninguna duda de que hay que solicitar al MEF (Ministerio de Economía y Finanzas), en forma urgente, la exoneración de los impuestos y tasas que gravan estos materiales, lo que abarataría aún más dicho costo".

 

Otros planteos.

En el documento, la CIU señaló que los costos de la construcción sufrieron aumentos que los ponen fuera del alcance de los sectores socioeconómicos medio y medio-bajo, que se ven obligados a tomar financiación a 25 años como única forma de acceder a una vivienda, e incluso, en muchos casos, igualmente debieron solicitar el subsidio de la cuota.

 

"Es claro que la financiación a 25 años implica un importante aumento del costo financiero y, en muchos casos, deja afuera de la pretendida solución a las personas mayores de 45 años", sostuvo la gremial.

 

Es por eso que para la gremial hay que revisar los planes de financiación, ya que no se puede seguir induciendo a esos sectores a tomar plazos que excedan los 10 o 12 años, como máximo.

 

El documento afirmó que la vivienda de interés social no debe tener ninguna clase de impuesto ni leyes sociales. Además, "UTE y OSE deben participar facilitando las conexiones y durante los primeros diez años de construida la vivienda, mientras se está amortizando su pago, el consumo tiene que ser al costo, sin ninguna clase de impuesto".

 

La CIU también planteó la participación de las intendencias. Esa participación debería ser "exonerando la Contribución a todo inmueble que esté dentro del régimen (de interés social), nuevo o refaccionado, por el mismo período de 10 años".

 

A su vez, las intendencias tendrían que participar "activamente del Plan Quinquenal de Vivienda, haciendo un censo sobre las necesidades de vivienda y tipos de soluciones que necesita su departamento, para así tener un mejor direccionamiento de los recursos y poder invertir según las reales necesidades de cada departamento".

 

Polémica.

En los últimos días, el gobierno contrapuso posiciones con los empresarios privados de la construcción sobre los costos de las viviendas de interés social.

 

El presidente de la Agencia Nacional de Vivienda, Francisco Beltrame, dijo a El País que algunos de los objetivos de la ley no se cumplieron, entre ellos el de atender las necesidades de los sectores medios y medios bajos.

 

"El grueso de la producción está llegando a los sectores de mayor poder adquisitivo de nuestra sociedad", afirmó Beltrame quien añadió que hay dos aspectos para abordar puntualmente.

 

"Uno es el aspecto tecnológico en aquello que permita abaratar costos, pero esto no es mágico. Lo otro es diseñar productos teniendo claro cuáles son las posibilidades efectivas de compra por parte de la demanda con los instrumentos que se han generado en el país, aquellos que permiten que con menor ahorro se pueda acceder a la vivienda", señaló.

 

Sobre los costos de la vivienda y por ello la imposibilidad de llegar a sectores con menor poder adquisitivo, los constructores plantean que se podría pensar en una nueva categoría de VIS que se puede implementar en barrios perimetrales de la ciudad al norte de Bulevar Artigas, que ya tienen toda la infraestructura y donde el suelo no tiene valores tan elevados como pasa hoy en zonas como el Cordón o el Centro.

 

A su vez, los constructores proponen como otra variante modificar algunas exigencias de terminación de obra y una leve reducción de la superficie de los inmuebles.

 

En ese sentido, el presidente de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción del Uruguay (Appcu), Ariel Cagnoli, sostuvo que "en esos lugares se puede exigir algún tipo de vivienda de menor calidad que lo que se está haciendo hoy: con un poco menos de área, todo se puede retocar para abajo, pequeños retoques. Algo menos de área, algo menos en las terminaciones, prácticamente no tener áreas comunes porque son áreas que hay construir y tienen su costo".

 

Fucvam y los constructores

La Federación Uruguaya de Cooperativas de Viviendas por Ayuda Mutua (Fucvam) la emprendió contra los constructrores por los altos costos de las viviendas de interés social. En un documento, Fucvam planteó que "el precio de venta de las unidades construidas, aún con la significativa renuncia fiscal que hace el Estado mediante exoneraciones, tiene niveles que no corresponden a vivienda de interés social y que más que duplican los que corresponden a otros sistemas de producción. Esto es quizá consecuencia de la contradicción implícita en tratar de conjugar la satisfacción de un derecho esencial como la vivienda, con la de hacer buenos negocios por parte de capitales especulativos".

 

El País

10 razones para invertir en Uruguay

Fuerte estabilidad política y social 

El país ostenta desde hace años una fuerte estabilidad política y social, respaldada en una democracia consolidada y fuerte seguridad jurídica. Actualmente, el sistema político cuenta con tres partidos mayoritarios, que se han alternado en el gobierno, manteniendo siempre un fuerte respeto por las reglas de juego y los fundamentos esenciales de la actividad económica.

 

Esta cualidad es tomada como un diferencial por los inversores a la hora de optar por Uruguay, como un pilar para la generación de confianza en el clima de negocios. A modo de ejemplo, Uruguay se ubica en los primeros lugares de América Latina -y en muy buena posición en el mundo- según los principales rankings elaborados por instituciones referentes que relevan aspectos de la estabilidad política y solidez democrática. Estos indicadores reflejan que Uruguay es un país con una sólida tradición democrática, basada en una transparente política de gobierno y en una amplia libertad económica.

 

Solidez macroeconómica

La economía uruguaya ha logrado el período de crecimiento más largo de la historia, al acumular 12 años ininterrumpidos de aumento del producto, con una expansión promedio anual de 5,4% entre 2004 y 2014. Esta expansión vino acompañada de un crecimiento del PIB per cápita de Uruguay que pasó de USD 10.000 en 2005 a casi US$ 17.000 en 2014. Esto ha permitido que Uruguay se ubique como la economía con mayor PIB per cápita de Latinoamérica (medido en US$ corrientes).

 

 

Uruguay es un país con Grado Inversor, lo que refleja la confianza que existe sobre el marco institucional del país y la conducción de la política económica. El manejo macroeconómico ordenado hizo que S&P (Abril de 2012), Moodys (Julio 2012) y Fitch Ratings (Marzo 2013) nos devolvieran el Grado Inversor (IG).

 

Acceso a un mercado con gran potencial

Uruguay es la puerta de entrada al Mercosur. El libre acceso al Mercosur le permite acceder a un mercado con más de 270 millones de personas, que acumula el 56% del PIB de Latinoamérica.

Conjugando el Mercosur y el TLC que el país tiene con México, Uruguay accede libre de aranceles a un mercado de 400 millones de personas, que acumula el 76% del PIB de Latinoamérica y representa un flujo de comercio exterior de casi el  80% del total de América Latina.

Uruguay se posiciona como hub- logístico regional, con una ubicación destacada respecto de las ciudades más ricas de la región. La normativa de zonas francas, puerto y aeropuerto libre y depósitos aduaneros brinda un marco ideal para instalar centros de distribución para abastecer de mercadería estas ciudades. 

 

 

 

 

 

Regímenes atractivos para el inversor

La IED recibida por Uruguay alcanzó los US$ 2.755  millones en 2014, que consolida la última década como el periodo de más fuerte crecimiento de la inversión extranjera en la historia del país. La IED recibida en los últimos 10 años representó en promedio el 5,6% del PBI, lo que sitúa a Uruguay como el segundo receptor de IED en la región. Aproximadamente el 60% de las utilidades de las empresas extranjeras en Uruguay fueron reinvertidas en nuestro país en el año pasado.

La inversión en Uruguay, tanto nacional como extranjera, se encuentra declarada por Ley de interés nacional. Por esto mismo, el inversor extranjero goza de los mismos incentivos que el inversor local, no existiendo discriminación desde el punto de vista tributario. No se requiere autorización o registro previo para operar y no existen restricciones para la transferencia de capital o utilidades provenientes de las inversiones.

Uruguay dispone de varios incentivos que se adaptan a distintos tipos de actividades, tanto industriales como comerciales o de servicios que quieran realizarse en el país. Dentro de los principales regímenes de incentivos disponibles se encuentran los previstos por la Ley de Inversiones, las zonas francas, el régimen de puerto y aeropuerto libre, los contratos de participación público-privada, los parques industriales y la admisión temporaria.

 

 

 

 

Facilidad para hacer negocios

Uruguay garantiza un trato igualitario para los inversores y una operativa exenta de restricciones para la actividad empresarial, tanto en materia de movilidad de capitales y dividendos, como en lo relativo a la compra y venta de moneda extranjera. El país está trabajado continuamente para lograr un adecuado clima de negocios y las mayores facilidades para el inversor. En este sentido ha impulsado una serie de reformas que implican una importante mejora de la eficiencia y agilidad de los procesos estatales, como ser aperturas de empresa en el día, facturación y firma electrónica o ventanilla única de comercio exterior, entre otros.

 

 

 

Infraestructura moderna

Uruguay tiene una infraestructura portuaria de primer nivel en Montevideo, desde donde se proyecta la red de carreteras más densa de todo el continente, con excelente contactos con los países vecinos. Se cuenta asimismo con un moderno aeropuerto, designado como uno de los mejores del mundo. Tanto en los puertos como aeropuerto del país puede operar bajo el régimen de puerto/aeropuerto libre, que le permitirá realizar operaciones logísticas, incluso con agregación de valor a las mercaderías, reexportando sin imposición.

La excelente infraestructura de Uruguay se observa también en el suministro de energía eléctrica, con uno de los sistemas más confiables a nivel mundial, en su mayor parte proveniente de energía renovable. De acuerdo con el Doing Business 2014, Uruguay se encuentra en el puesto Nº 23 en el ranking, por encima de muchos países con mayor grado de desarrollo de sus economías. Algo similar sucede en el ranking de Calidad de aprovisionamiento de Electricidad del WEF 2013-2014, en el que Uruguay está primero en Latinoamérica por la muy escasa frecuencia con que se producen cortes o fluctuaciones en el voltaje.

 

 

 

Líder en tecnología

Uruguay es el país con mayor penetración de internet y mayor velocidad de descarga de la región.

Uruguay es el país latinoamericano más avanzado según el Índice de Desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) en 2014. Este hecho se refleja también en el grado de penetración de internet y en los usuarios de telefonía móvil, dónde nuestro país ocupa una posición destacada en la región.

 

 

 

 

Disponibilidad de talento

Los recursos humanos en Uruguay son altamente competitivos, gracias a la conjunción de varios factores, entre los que se destacan la alta calidad de la formación básica, técnica y universitaria, la flexibilidad y facilidad de los trabajadores uruguayos de adaptarse a nuevos procesos de producción o tecnologías.

La fuerza laboral uruguaya viene mostrando un incremento continuo en la capacidad de dominio de otros idiomas, en particular, el inglés.

 

 

Respeto por el medio ambiente

Uruguay tiene “Uruguay Natural” como su marca país, lo que implica que su estrategia de posicionamiento consiste en mostrarle a los compradores de sus productos que los mismos se realizaron del modo más inocuo posible respecto del medio ambiente. Esto refleja una gran responsabilidad del país respecto de la problemática ambiental y constituye un valor agregado para muchos consumidores.

El 50% de la matriz energética global y el 90% de la matriz eléctrica de Uruguay provendrán de energías renovables en 2015, siendo el país con mayor participación de fuentes renovables en Latinoamérica. Esto, entre otras cosas, garantiza la estabilidad y sustentabilidad global de la provisión de energía y de las tarifas eléctricas en el largo plazo.

Está en proceso una importante disminución de las emisiones como consecuencia del cambio en la matriz energética. Esto, junto con otras características propias del país, deriva en una baja huella de carbono de los productos exportados por Uruguay.

 

 

 

Un país para vivir

Montevideo es una ciudad tranquila de 1.5 millones de habitantes que, al igual que Punta del Este, ofrece excelentes condiciones de vida para los ejecutivos y sus familias con acceso a servicios de salud y educación de 1er nivel. Cada vez más extranjeros del hemisferio norte están eligiendo Uruguay como residencia. Montevideo fue elegida la ciudad con mejor Calidad de Vida de Latinoamérica (Mercer, 2014).

Los residentes ya sea por negocios o retiro, destacan también el clima agradable y sin eventos extremos, la amabilidad de la gente y un ritmo de vida más tranquilo y relajado.

Uruguay ha sido tradicionalmente una sociedad de capas medias, lo cual ha sido una base para los buenos logros a nivel educativo y social, así como para su fuerte estabilidad social y política. Actualmente, es el país con una mayor población de clase media, de acuerdo con el Banco Mundial y el país con mejor distribución del ingreso de la región.

 

 

 

Fuente: Uruguay Siglo XXI

 

 

Precio promedio de compra de campos en máximo histórico

En el segundo semestre de 2014, la compraventa de campos en Uruguay registró un precio promedio de US$ 4.336 por hectárea, el valor semestral más alto que se haya registrado desde que hay datos.

Según información divulgada por la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) del Ministerio de Ganadería entre julio y diciembre del año pasado se realizaron en el mercado uruguayo 1.267 operaciones de compraventa, lo que marca una caída de 33% respecto a igual período de 2013, pero a la vez, la superficie vendida cayó 52% (en las mismas fechas de la comparación anterior).

 

En el primer semestre de 2014 se vendieron 91.198 hectáreas a un promedio de US$ 3.521 por hectárea; entre julio y diciembre se colocaron 87.201 hectáreas a un promedio de US$ 4.366.

 

Así en el total de 2014, se vendieron 1.257 campos por un total de 178.399 hectáreas (la menor superficie en 15 años) a un promedio de US$ 3.934 por hectárea, un precio 12% superior al de 2013. El monto total de ventas de campos fue de US$ 701,8 millones en 2014.

 

La oferta de campos se achicó bastante y muchas veces las aspiraciones de valores de los propietarios no coincidieron con los precios aspirados.

 

Departamentos.

Los departamentos que mostraron mayor superficie vendida en el segundo semestre del año pasado fueron Rivera, Cerro Largo y Lavalleja, acumulando entre todos 56.000 hectáreas y US$ 171 millones; ese valor representa alrededor del 24% del monto total de las compraventas registradas en todo el año.

 

 

Mientras tanto, Soriano, San José y Río Negro, departamentos que presentan tierras con altos índices Coneat, muy aptos para desarrollar agricultura, fueron los que registraron los valores más altos de los negocios; US$ 6.695, US$ 6.667 y US$ 6.264 por hectárea, respectivamente. En el otro extremo, el precio promedio más bajo correspondió a Tacuarembó con US$ 2.240 por hectárea.

 

En Artigas se vendieron 12.294 hectáreas a un promedio de US$ 2.291; Canelones: 4.322 hectáreas a US$ 4.992; Cerro Largo: 18.087 hectáreas a US$ 4.079; Colonia: 5.644 hectáreas a US$ 5.510; Durazno: 13.936 hectáreas a US$ 4.230; Flores: 6.177 hectáreas a US$ 4.972; Florida: 7.646 a US$ 3.869; Lavalleja: 15.622 hectáreas a US$ 2.881; Maldonado: 4.981 hectáreas a US$ 4.671; Paysandú: 7.740 hectáreas a US$ 3.749; Río Negro: 12.609 hectáreas a US$ 6.264; Rivera: 12.609 hectáreas a US$ 6.264; Rocha: 6.776 hectáreas a US$ 3.716, Salto: 10.885 hectáreas a US$ 3.205; San José: 7.039 hectáreas a US$ 6.667; Soriano: 9.173 hectáreas a US$ 6.695; Tacuarembó: 7.084 hectáreas a US$ 2.249 y Treinta y Tres: 5.682 hectáreas a US$ 2.354.

 

Analizando los negocios por escala de superficie, según la DIEA, el 75% de las operaciones correspondieron a superficies de entre 10 y 100 hectáreas, los que acumulan el 18% de la superficie transada.

 

A la vez, en el otro extremo, los ocho negocios con superficies superiores a las 2.000 hectáreas, concentraron el 28% del área vendida y el 27% del monto total de los negocios.

 

Los precios promedio no representan una asociación clara con la escala del tamaño pero se destacan las operaciones de menor superficie —de entre 10 y 100 hectáreas—, con el precio promedio más alto: US$ 4.620 por hectárea.

 

Ese valor está 17% por encima del promedio general, mientras que los campos de 201 a 500 hectáreas se vendieron a un precio promedio inferior (US$ 3.314 por hectárea).

 

Precios.

Al analizar los datos presentados por la DIEA por precio de venta, puede observarse que el mayor número de operaciones de julio-diciembre de 2014 se concentra en el tramo de entre US$ 3.001 y US$ 4.000 por hectárea, que acumulan el 13% de las 22.000 hectáreas vendidas.

 

Por su parte, las compraventas de campos concentradas en un rango de valores que va de US$ 4.001 a US$ 5.000 por hectárea, correspondió al 21% de la superficie transada por un total de US$ 173 millones, a un promedio de US$ 4.515.

 

Período.

En los últimos 15 años se vendieron en Uruguay 7,7 millones de hectáreas a través de 33.749 operaciones de compraventa por un monto de US$ 11.067 millones.

 

El precio promedio de ese período fue US$ 1.444, con precios medios que van de US$ 385 por hectárea en el año 2000 a US$ 3.934 por hectárea para el año pasado.

 

La información mostró que el precio promedio anual aumentó de manera ininterrumpida desde 2003 y el valor de la tierra en 2013 —expresados en dólares— es más de 10 veces el que había en 2002.

 

Cavani.

El semanario Búsqueda informó ayer que el delantero del PSG y la selección uruguaya, Edinson Cavani compró un campo en Salto de 1.376 hectáreas por US$ 5,4 millones.

 

El País

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